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Thursday, 07 July 2016 22:36

DOBRES Y CUCAYO A VISTA DE DRON

 

 

 

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Saturday, 05 March 2016 18:09

LA DURACIÓN DE UN INSTANTE

 

Despierto, abro los ojos. Acaba de amanecer. Mi primer pensamiento es el incesante anuncio de nevadas. Anoche cuando me acosté, nevaba. Por la inusitada claridad y el silencio sepulcral, intuyo que ha caído un buen manto. Me levanto y me acerco a mirar por la ventana con la misma emoción de un día de Reyes años atrás. Me asomo con cautela, como si la nieve acumulada dependiera de mi vista. “—¡Bah, no es para tanto, no llega a una cuarta!”.

 

Son casi las 9, me visto y salgo a la calle. Me quedo clavada en la puerta seducida por la imagen que se abre ante mí. Está todo cubierto de un blanco inmaculado, sólo algunos elementos verticales (paredes, peñas, troncos de árboles) rompen la pureza. “—¿Cómo sería verlo a vuelo bajo?”.

 

El polvo níveo adopta las formas donde se ha posado con una suavidad enternecedora, como si hubiera un pacto mudo de no agresión entre el cielo y la tierra. No hay sonidos, hasta las aguas bravas del Ríofrío están calladas. No hay movimiento, excepto las volutas de humo que asoman por un par de chimeneas. No hay pueblo, ni personas, ni animales; incluso los pájaros han enmudecido. 

 

La quietud es extática (si fuera en negro sería inquietante). El cuerpo mañanero es cálido, solo advierto el frío en la piel descubierta. Aspiro profundamente intentando llenarme, noto un cañón helado subiendo por mis fosas nasales; los pulmones se hinchan expectantes, sin embargo, no se produce ninguna fusión. “—¿Qué esperabas?”

Me encamino hacia la Posada. Ni siquiera verdea Bárago. Alzo la vista al cielo, el azul es profundo, invariable, ausente de nubes. Dependiendo de donde mire, solo se aprecia una paleta de dos colores. Me recuerda a Kandisky, ah no… ese otro, el francés, Klein, Yves Klein.

Una mancha iridiscente se desliza por la peña del túnel; el sol que anuncia marzo se ha vuelto madrugador. Empiezo a sacar fotos con el móvil pero en cada disparo, además de temer que se pueda romper el hechizo, pienso “¡qué tontería, ni el mejor objetivo del mundo podría captar esto!” así que lo vuelvo a guardar.

 

Rodeo la casa observando las formas voluptuosas que cubre todo. Las cuerdas del tendal han engordado tanto que se me antoja una hamaca ibicenca. Los cables parecen un entretejido de armiño sobre los tejados. Los árboles, antes con las ramas desnudas, tienen el aspecto de copos de nieve gigantes dibujados por un lápiz juguetón. El cercado del prado de arriba es una sucesión geométrica de cuadros perfectos. Del enebro, acebos y tejos cuelgan figuras que me recuerdan las gárgolas, no, mejor fantasmas traviesos jugando al escondite (las gárgolas siempre tienen algo de siniestro). Las mesas y las sillas del jardín parecen cubiertas por sábanas en un desván a cielo abierto. 

 

¿Por qué aguzo los sentidos como si viera la nieve por primera vez?, es como si fuera un espejismo que en cualquier momento va a desaparecer. ¡Eso es!, ¡el sol!. Estoy tan absorta que me olvidé de él. ¿Por qué tiene esa manía de correr?. Avanza dionisiaco y contrariamente me dan ganas de gritarle: ¡espera! ¡todavía no!. ¡Qué frágil y delimitada es la línea entre la vida y la muerte!. Lo que hasta ahora era un blanco lechoso se torna gris plomo. El paisaje se vuelve sombrío y pierde intensidad ante la luz cegadora que va ganando terreno. Desplazo la mirada a este nuevo escenario. 

 

Se inicia una danza tímida, primero se sacuden los alambres y las superficies más vulnerables. El ritmo se acelera, los árboles se desperezan y arrojan haces de polvo luminoso. En unos minutos, el espectáculo llega a su punto álgido, me sugiere un festín de boda que termina en bacanal: vuelan velos, bombines, medias, flores, confetis… Mientras, la tierra lo acoge todo sin rechistar, como un gran lecho maternal. 

 

Las gallinas buscan avezadas donde picotear. Oigo el ruido de un Land Rover que se acerca. Los terneros están brincando por la era y vuelvo a escuchar el trino de los pájaros. Ya están todas las chimeneas de Cucayo encendidas. Es hora de preparar el desayuno para los huéspedes. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Thursday, 26 November 2015 19:38

Hay que matar el gallo

Con este anuncio se presenta mi madre a desayunar esta mañana. Cuando de su boca sale algo que empieza por “hay que” nos empezamos a mirar todos porque esto encierra múltiples significados, que no por consabidos, dejan de producir un ligero estremecimiento. 

  


 

 

“Tiene que ser hoy, ahora, ¡ya!. Otro significado: Ya sabéis como va esto. Yo le mato, vosotras hacéis el resto”.

 

_ Ana, ¿vas tú?. (entre súplica y hecho).

_ ¡Pues no!. _Tú siempre te escaqueas.

_ La última vez, la oveja del lobo, ayudé yo a tío Elías a matarla.

_ ¡Ya! ¿y cuánto hace de eso?. _Además fue porque estabas sola.

_ ¡Mira!, hacemos una cosa. Una le pesca, le ata y ayuda a mamá y la otra le pela.

_ Vale, me pido cogerle. (Pensando solo en la parte de -le pesco y le ato-).

 

Sin demorar más, me armo de decisión y salgo en busca del gallo.

 

_ Mamá, ¿cual es?, ¿el blancu?

_ ¡Nooo mujer, el otru, el pintu, el que es pedrés!

 

Busco por los alrededores de casa y no tardo en ver que está en la tierra de abajo con todo su séquito gallináceo. 

 

_ Pipi, pipí. Píííípi.

 

Les acarreo hacia la cuadra chica. Allí, encerrado me va a resultar más fácil cogerle. Llevo puestos unos guantes. Toda precaución es poca. Cierro la puerta y comienza el baile. Es una algarabía de gallinas, plumas y cacareos.

 

Ahora palante, ahora patrás. Le voy reduciendo. Cojo un gabán viejo para darle caza. Por momentos veo un Eduardo Manostijeras en versión Freddy Gruber. Es todo pico y uñas afiladas.

 

Algunas gallinas revolotean ¡qué cosas! Y se empiezan a escapar por el cuarterón de la puerta que dejé abierto. ¡Pero que tonta!. No. Es el subconsciente. No. El consciente. El gallo se arremolina debajo del carretillu. ¡Ahora!. ¡Que va!. Vuelve a salir disparado. ¡Otra intentona!, ¡pero que torpe!. Ya está poseído, pero yo persisto en mi intento. De repente ¡oh! se escapa, también por el cuarterón. Quedo sola dentro.

 

Salgo corriendo persiguiéndole con desgana y se mete en la cuadra del toro. Le sigo, pero se sube al cumbrial (la viga más alta de todo el pajar)  y se queda allí agazapado en un hueco.

 

¡Vaya putada!. No puedo alcanzarle.

 

Voy a casa contarles el desenlace. Me encuentro de camino a Alberto. Le cuento a ver qué si ofrece ayuda. 

 

_ ¡Sí queréis, yo le pego un tiro!

 

_ ¡Arggg!. ¡Siempre tan resuelto!. ¡Como si encima tuviera buena puntería! 

 

¡Bueno, siempre queda la opción de que a mi madre se le olvide que hay que matar el gallo para nochebuena!.

 

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Monday, 28 September 2015 11:56

... Y DE REPENTE LLEGARON 10 CHINOS

 

Poneros en situación. Una tarde anodina de principios de otoño. Ana, Berto y mi madre se han ido a sacar patatas. Estoy sola y aprovecho para hacer algunas cosillas en recepción. Puede llegar cualquiera, pero lo más probable es que sean Onofre o Lipe a tomar un vino.

 

De repente se abre la puerta y entran dos asiáticos (hombre y mujer) se dirigen rápidamente hacia mí:

"_¡Loom, loom!, _me dicen al unísono".

Como no reacciono, me hacen el gesto de dormir. 

 

Ahora ya pillo, pero mi estupefacción se reactiva porque me piden ¡five looms for ten people!. Vuelvo a no entender nada hasta que miro hacia fuera y veo más chinos (ahora ya sé que son chinos) bajándose de un coche y un furgón. Aunque tenemos habitaciones disponibles, hago tiempo para intentar encajar que pintan por aquí diez chinos sin reserva previa. ¡Claro que viene gente sin reserva, sobre todo extranjeros, pero uno o dos, ¡no diez y menos de la China!.

Les enseño las posibles habitaciones y les digo precios. Me dicen que se quedan y que también quieren cenar. La entrada de la posada se convierte en un hervidero de chinos (7 mujeres y 3 hombres). Se van sucediendo con sus respectivas maletas (que portan en vertical, y algunas se elevan por encima de ellos). En cuestión de segundos, hay 20 elementos moviéndose desorientados que, sobre todo para mi tranquilidad, necesito ubicar de inmediato.

 

Una vez que se acomodan, me bombardean pidiéndome la clave wifi. Aunque queda una hora para la cena (querían cenar antes, pero al estar sola les digo que no puede ser), se empiezan a instalar en el comedor. No tengo las mesas puestas, pero da igual, se van sentando por grupos o solos en las que les parece. Es decir, ocupan todo el espacio. 

 

Me piden agua para sus teteras y cubren las mesas de móviles, tablets, artilugios varios y comida, mucha comida envasada china. Me piden permiso para beber de su vino. Uno de ellos me requiere un abridor y no sabe utilizarlo. Perfora el tapón hasta el fondo con cápsula y todo. Se lo abro y me da “galcias, galcias”. Palabra al cuadrado, que en el transcurso de 15 horas, repetirán tropecientasmil veces.  

Me convidan a una copa de su vino (blanco de Rueda) y quieren brindar. El vino está como caldo. Me ofrecen también de su comida y, por supuesto, quiero probarlo. Lo primero, una especie de brotes vegetales macerados que están muy sabrosos. Después cojo de otra bolsita una especie de carne prensada, blanquecina, alargada, gelatinosa y muy picante. Me observan y se ríen (ríen todo el tiempo). Mientras mastico, tropiezo con algo duro y me hacen señas para que lo escupa. Me voy hacia la cocina con un par de trozos más (básicamente para escupir la parte dura) y de repente noto algo puntiagudo en la boca. Saco el trozo de carne, lo visualizo y ¿qué es? ¡Una pata de pollo con uña incluida!.

 

Vienen los de casa y les cuento el panorama. Ana se parte de risa y me replica que, sí la uña estaba limpia, ¡para qué le doy tanta importancia!. Comentamos un poco que podemos darles de cenar y decidimos hacer una crema de verduras, lomo con patatas, croquetas y algo más. Anteriormente me habían indicado que les gustaría probar comida local (más tarde veréis que les interesaba un pimiento la comida de aquí).

 

Van cogiendo confianza y ya entran a la cocina a pedirnos las cosas y a coger ellos mismos el agua para el té. En una de estas, el líder -un chico joven, inquieto y muy echao p’alante- (me gustaría ponerle nombre pero no puedo, porque por más que les pregunté, no conseguí quedarme con ninguno) me dice que si nos pueden ayudar, que les gustaría poder cocinar una parte de su cena. Como la comunicación es muy complicada y no sabemos bien que darles y si les gustará, accedemos. Tenemos que aclarar en nuestra cocina normalmente no entran los huéspedes -salvo excepciones- clientes-amigos que han venido en varias ocasiones u otros que, después de varios días con nosotros, les invitamos a cocinarnos platos típicos de sus lugares de origen. Nunca, el primer día.   

 

Así que la situación es, que si antes desfilaban por el comedor, ahora es por la cocina. Van entrando las chicas (los chicos no cocinan, solo en los festivales) y tal, como un ejercito de hormigas, van tomando posiciones. Nos van pidiendo ingredientes y como varias de ellas no hablan inglés, las dirigimos directamente a la nevera para que cojan lo que necesitan.  Mayormente patatas, huevos y verduras varias. En unos minutos nos quedamos sin existencias de tomates, puerros, pimientos…  La cocina se vuelve una caja de sonidos sincronizados: taca, taca, taca, plás, plás, plás, fsss, fsss, chup, chup, también clic, clic..., porque cada secuencia queda capturada en un móvil. 

 

 

 

Ahora mi preocupación es el resto de huéspedes. Me voy al comedor a poner orden. Entre todos los trastos, veo que debajo de una mesa está la cubitera que tenemos siempre en el comedor. Me acerco a quitarla y al mirar en su interior, compruebo que la han utilizado con fines distintos que también terminan en “era”. 

 

De las tres habitaciones restantes, vienen a cenar dos de ellas: una pareja joven de británicos encantadores y super-educados que ya lleva un par de días y otra pareja de Madrid que acaba de aterrizar y todavía está aclimatándose. Les pongo en un extremo e intento hacer de parapeto entre los chinos y ellos, porque los primeros siguen invadiendo todo. Además de la procesión cocina-comedor, son ruidosos, eructan y escupen comida en el plato, etc. Los ingleses sonríen ante mis explicaciones y concluyen con un “it’s a different culture”. A los madrileños me cuesta más explicarles que no es algo habitual en nuestra casa un do-it-yourself en la cocina. Desde luego, que no es el mejor marco que podemos ofrecer, la primera noche que llegan.  

Acordamos con ellos (los chinos), que podían prepararse parte de su cena, pero otra se la serviríamos de la nuestra. Una vez que comieron lo suyo, sacamos lo nuestro. A todo decían que estaba muy bueno pero dejaron parte de la comida a medias. Es la primera vez que veo volver croquetas del comedor a la cocina. Puede ser que ya estuvieran a rebosar con su festín de comida, pero también -como me explicaron después- que la cocina española está ok pero es muy simple. Ellos utilizan muchos más ingredientes. Aún así, nos pidieron guardárselo para el día siguiente, junto con un tupper de paella que traían del anterior restaurante (para finalmente ir todo a parar al caldero de los chones).

  

 

Quieren saber lo que cuesta la cena y me quieren pagar con un billete de 500 €. De momento prefiero no cogerle y les digo que ya pagan todo mañana.

 

Estaba tan saturada, que en cuanto pude, salí a airearme un poco al porche. Acto seguido sale a fumar uno de los chinos. Sale rugiendo como una hormigonera, que se para en seco en cuanto lanza un escupitajo a la carretera (a dos metros de mí). Insiste en darme un cigarro y yo ya no quiero probar más cosas chinas. 

 

Van saliendo otros y me dicen que están muy felices porque les hemos permitido preparar su comida. Aprovecho para saber algo más de ellos. Principalmente como han llegado a Cucayo. La mayoría de extranjeros lo hacen por Lonely Planet o Booking. Pero estos no. No sé como narices han llegado hasta aquí (me insistían que con el GPS). El líder, me enseña en el móvil el itinerario de viaje (el resto no sabe cual es su siguiente destino). Obviamente, está todo escrito con caracteres chinos y cada pocas líneas aparece el nombre de una población: San Sebastián, Santillana del Mar, Fuente Dé, CUCAYO, Salamanca, Cáceres, Lisboa, Sevilla… De lo que sí me entero, es que provienen de distintas ciudades (Shangai, Xian, Beijing, Quingdao, Tianjin, etc.) y lo más sorprendente: ¡son amigos de Internet y se han visto por primera vez en este viaje!. 

 

 

Están tan contentos que también les gustaría hacerse el desayuno porque no toman ni café, ni zumo, ni tostadas. Quieren empezar a las 7.30 h. a prepararlo. Le digo que de acuerdo, pero con la condición de que vengan sólo dos de las chicas y sin hacer ruido. Vemos qué se pueden preparar, porque prácticamente nos han dejado sin existencias, y me piden mucha harina y mucho arroz, junto con alguna otra cosa. 

 

Cuando llego por la mañana pronto (pero más tarde que ellas), se repite el escenario de la noche anterior. Tienen todo controlado con una diligencia cuasi matemática. Se manejan en la cocina como si llevaran toda la vida en ella. A las 8.30 h. se van incorporando el resto. Hicieron hasta pan. En un momento dado, entra Alberto y flipa. Dice que si no nos podemos quedar con una de ellas, que incluso puede casarse con alguna, que las hay bien guapas (sic).

 

 

 

Algunas recogen los cacharros que han utilizado, otras nos lo dejan todo empantanado. Tengo que quitarles un repollo al vuelo, que también querían comérselo, porque lo necesito para el cocido. Mientras ellas preparan todo, los 3 chicos se van tomando un aperitivo en el comedor. De toda la comida que hacen, nos dejan una porción para que probemos nosotros. Mi madre reniega por lo bajo y dice que eso es lavaza pa los chones. No por nada, sino porque tanto las patatas como las verduras están cocinadas casi crudas. 

 

 

 

 

Cuando voy a cobrarles, el líder tan dicharachero se torna sombrío y me pregunta si el desayuno no estaba incluido en el precio de la habitación. A lo que le matizo “sí, nuestro desayuno, no el vuestro”. Y me vuelve a sonreír de oreja a oreja. Mientras, le digo a Berto que si él sabe como identificar un billete de 500 falso y si no, que investigue corriendo en Internet. 

 

Antes de irse nos dan abrazos y el consabido galcias. Les saco la última foto-vídeo y pienso para mis adentros: ¡bye, bye China!. Tengo la sensación de que ha trascurrido una semana entera.

 

Otro dato curioso. Se van a las 10 de la mañana dejando todas las luces de las habitaciones encendidas.

 

Desde hace unos días, me acuesto y me levanto con una sola imagen en la cabeza: uña-pata-pollo.

 

  

 

 

 

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Friday, 28 November 2014 16:29

UNA FABRICA DE EMOCIONES

Estas son algunas de las actividades de grupo que se han realizado este otoño en La Posada de Cucayo. Los organizadores han tenido la gentileza de relatar en primera persona como vivieron la experiencia. Hay para todos los gustos: Paseo entre hayas, avistamiento de aves y ruta BTT. Esperamos que lo disfrutéis.

 

 

EL OTOÑO DE LAS HAYAS por Fernando Camacho -  Alaventura

 

Desde hace ya varios años, cada otoño, organizamos un viaje desde Sevilla, para ver y disfrutar de los hayedos de la cornisa cantábrica. Este año pensamos en la comarca de Liébana y descubrir los bosques que se extienden desde San Glorio hasta Piedrasluengas.Personalmente conocía Cucayo, pero hacía de ese viaje más de trece años. Una corta estanciaen la casa de Desiderio, el bar del pueblo, que nos acogió a cuatro amigos, tras bajar de los puertos, una noche lluviosa de otoño. 

  


 

Descubrimos la Posada de Cucayo, por internet y nos agradó la presentación de la familia y el hermoso edificio de madera vista. Ana y Tina nos ayudaron a planificar el viaje y la noche de nuestra llegada nos recibieron como el que llega a su casa.

Durante tres días recorrimos los hayedos de Pesaguero, Barrio y Ledantes, así como los altos próximos a los Puertos de Río Frío. Días luminosos, en los que se escalonaban los hayedos aún verdes de los valles, con los ocres de las zonas más altas.

Inexpugnable castillo, el valle de Dobres y Cucayo, refugio para la noche, cena, tertulia y descanso. Un lugar extraordinario, donde la naturaleza se manifiesta firme y el hombre se adapta al lugar, aportando la comodidad que los tiempos permiten, para goce de los viajeros que se atreven a pedir de nuevo acogida, como en mi caso, en esta nueva casa de la familia del añorado Desiderio, La Posada de Cucayo.

 


 

ENTRE GAVILANES Y AGUILAS REALES por Máximo Sánchez Cobo -  El Bichu

 

Un día a finales de verano vino un grupo de gente que quería hacer una ruta ornitológica por los alrededores de Cucayo. Sin duda, un lugar excepcional si lo que queremos es una representación de la fauna de la Cordillera Cantábrica. El grupo, era muy variopinto en cuanto a sus lugares de origen: manchegas, valencianos, murcianos ¡e incluso un holandés!.

 

 

Tras un espléndido desayuno en La Posada de Cucayo, lugar dónde nos quedamos a pasar la noche, comenzamos una ruta circular que bajaba a Bárago, el pueblo que está en el fondo del mismo valle. Atravesamos salvajes laderas con robledal y roquedos, e hicimos una fructífera parada en una atalaya caliza en la que vimos todas las aves rapaces que quisimos.

 

Estábamos disfrutando con una colonia de buitre leonado, cuando en el mismo cantil escuchamos chillar a un halcón peregrino que posteriormente veríamos volando con su pareja. Apareció una culebrera también posada en un árbol seco en la ladera de enfrente, y atravesando el cielo a bastante altura, pudimos disfrutar también de un abejero, gavilán, busardo, y como colofón, un ejemplar de águila real que nos sobrevoló rauda. Además, vimos aves más pequeñas pero no menos interesantes como vencejo real, pico mediano, o camachuelo.

 

En lo que se refiere al avistamiento de mamíferos, no tuvimos suerte porque no madrugamos, pero si que pudimos ver rastros de animales tan interesantes como gato montés o como la marta.¡Otra vez será!

 

 


 

PEDALEANDO A PEÑA PRIETA por Francisco Callejo -  Bike Rider Cantabria 

 

Después de que me encargaran un fin de semana de mountain bike en un lugar apartado del mundo y con una buena cocina, no lo pienso dos veces: ¡Cucayo y su hermosa posada!. Es el sitio ideal, un pueblo que todavía conserva el sabor de antaño y en su posada podemos contar con todas las comodidades necesarias para el mantenimiento de la bici. Tienen una cocina casera única y la posada es muy acogedora y familiar.

 

 

 

El viernes aprovechamos el viaje hacia Liébana para desviarnos y subir a la Braña de los Tejos, y sin duda no defrauda. Nos encontramos con unos tejos de más de mil años preciosos. El sábado después de reponer fuerzas en La Posada de Cucayo intentamos subir a Peña prieta, pero la nieve nos hace darnos la vuelta y cambiar de planes. Aprovechamos para bajar por el camino antiguo de Cucayo hacia la Vega, Las Retuertas le llaman al sendero. Sin duda una pasada para los amantes del MTB. Después de un buen cocido lebaniego bajamos a Potes a la fiesta del "orujo", fiesta declarada de interés turístico nacional, donde los orujeros muestran todos sus productos. Sin duda una fiesta única.

 

El domingo volvemos a intentar subir a Peña Prieta por otra vertiente, esta vez el día acompaña,  y ¡lo conseguimos!. Toda la subida es un auténtico espectáculo; Río Frío, Curavacas, los puertos de Pineda y la ansiada Peña prieta. Un descenso precioso y una gran comida en la Posada de Cucayo para rematar un fin de semana redondo.

 

 

 

 

 

 

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Monday, 14 July 2014 16:27

SIN AVES NO HAY PARAISO

 

Nuestro amigo Máximo elbichu.blogspot.com.es/, gran observador y conocedor del mundo pajaril nos ha regalado este interesante artículo sobre las aves que sobrevuelan Cucayo y alrededores. Esperamos que os guste el reportaje que, además contiene muchas fotografías tomadas por él. 

 

Halcón peregrino  

Halcón peregrino

 

Cucayo (Dobres) es un lugar recóndito enmarcado en la montaña cantábrica. Lo inaccesible del lugar, ha provocado que el quebrado paisaje se haya transformado muy poco con respecto a lo que ha ocurrido en la mayoría del entorno de los pueblos españoles. Digamos que aquí las máquinas han tardado más en llegar, y ello se traduce en un regalo a los sentidos.

 

Por ello, este salvaje lugar, tiene una variedad de aves poco mermada por la civilización. Sólo el urogallo se ha extinguido recientemente en estas montañas. El resto de pájaros que tiene que haber, aquí están. Hablamos de más de 100 especies distintas de aves, que dada la variedad de hábitats, encuentran en los alrededores de Cucayo su casa.

Buitre

 
Buitre 
 
Los cortados rocosos, por ejemplo en los túneles, son la casa de los aviones común y roquero. Del roquero rojo, del treparriscos en invierno. Un bando de los mágicos vencejos reales se deja ver en las tardes de primavera y verano volando cerca de la Peña de las Ánimas. Un ave difícil de ver en la Cornisa Cantábrica. Aves rapaces como buitre leonado, con más de 2 metros de envergadura, el alimoche, el cernícalo vulgar o el halcón peregrino (el ave más rápida del mundo) encuentran aquí un sitio en el que sacar adelante a su prole cada primavera.
 
Gavilán
Gavilán
 
Los bosques caducifolios son el hogar del picamaderos negro, el pájaro carpintero más grande de Europa, y localizado sólo en este tipo de hábitats en España. De las poco más de 1000 parejas estimadas para la Península Ibérica, 3 están en torno a los montes de Dobres y Cucayo. Toda una joya difícil de ver, pero no de escuchar. Otro pájaro carpintero más pequeño pero también muy escaso en España, el pico mediano, tiene varias parejas, sobre todo en torno a los robledales que rodean a los pueblos.
 
En el río podremos ver al mirlo acuático y a la lavandera cascadeña como aves más representativas del mismo.

Subiendo a las cumbres, podremos disfrutar con la presencia de acentores alpinos, bisbitas alpinos, mirlos capiblancos y con suerte, del vuelo de alguna perdiz pardilla.

 
Herrerillo común
Herrerillo común
 
Pero no es necesario salir del pueblo de Cucayo para disfrutar de sus aves. La ventana abierta de nuestra habitación en La Posada de Cucayo nos puede acercar el dulce canto del mirlo común, el penetrante petirrojo, la dulce y apresurada curruca capirotada o el pupular pinzón vulgar.También al potente chochín, el melodioso zorzal común o al omnipresente colirrojo tizón. Podremos ver con paciencia, las evoluciones del herrerillo común, del carbonero e incluso al bonito camachuelo comúnSi es época adecuada (mayo y junio) no nos fallará el mundial cuco.Y si nos atrevemos a asomarnos ya de noche, podremos escuchar el ulular de una pareja de cárabos que crían muy cerquita de nuestra casa (de la carreterera hacia arriba). Desde el jardín no será difícil poder disfrutar con el vuelo de alguna de las rapaces como el busardo ratonero o el gavilán. Oiremos el graznar de los cuervos y cornejas. Veremos también al gran buitre del que hablábamos al principio, y con suerte, a la feroz águila real.
 
 
Esto es sólo una pequeña muestra de las aves que podéis disfrutar aquí. Consulta la guía de aves, cuélgate unos prismáticos, prepara el oído, y disfruta de las aves de Cucayo en la Comarca de Liébana, Cantabria.
 

 

 

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Thursday, 08 May 2014 17:36

AMIGOS DE LA BICI #BIKEFRIENDLY

  

¿Sabías que La Posada de Cucayo cuenta con el sello de calidad Bikefriendly?

 

Este certificado implica ser un alojamiento especializado en acoger a personas que quieren disfrutar de sus vacaciones en bici. Disponemos de los servicios e infraestructuras necesarias para garantizar una estancia satisfactoria del turista aficionado a la bicicleta.

 

 ESPACIO GUARDA BICIS

Es lugar dentro de la Posada, de fácil acceso, donde podrás dejar con toda seguridad la bicicleta durante tu estancia en nuestro alojamiento. 

 

Dispone de una serie de soportes para colgar la bicicleta, acompañados de un dispositivo de seguridad desarrollado por Bikefriendly para candar las bicis de una forma totalmente segura para garantizar que sólo su propietario pueda acceder acceder a ella y descansar así tranquilamente.

 

ESPACIO TALLER 

En este espacio, situado también en el garaje, encontrarás todo lo necesario para reparar y poner a punto tu bicicleta cómodamente, disponiendo de las herramientas, accesorios e información adicional en cuanto a tiendas especializadas, talleres externo, etc. todo ello acompañado de la información precisa para su buen uso y funcionamiento.

 

 

ESPACIO LAVADO 

Algo tan práctico como una manguera en el jardín y un soporte para sujetar y lavar tu bicicleta cómodamente. ¡Eso sí, disfrutando al mismo tiempo, de estas maravillosas vistas!.

 

RUTAS BIKEFRIENDLY 

Dentro del espacio Bikefriendly podrás encontrar también información sobre las diferentes rutas a pedalear en el entorno de Cucayo. Contamos con un mínimo de tres rutas para bicicleta de carretera y tres rutas para bicicleta de montaña. También podemos ofrecerte repuestos para tu bici e información sobre otros alojamientos Bikefriendly. 

               

  

¡VIVE BIKEFRIENDLY EN LA POSADA DE CUCAYO!

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Friday, 28 February 2014 10:34

HISTORIAS RURALES. Parturiando a la Rebeca

 

  

A mediados de esta semana Alberto tuvo que ir a hacer cosas a Santander y por diferentes circunstancias tuvo que irse el día antes y por lo tanto pasar la noche allí. No suele hacerlo por estas fechas (pasar la noche fuera) ya que es la época en que paren las vacas y aunque sabe la fecha aproximada, los alumbramientos están lejos de ser una ciencia exacta.

 

Por la tarde, antes de irse, nos comentó: “no sé porque me da que la Rebeca se va a poner de parto, ha movido, se le han bajado las cuerdas, si acaso estad algo pendientes de ella”. Frase mágica y suficiente, en cuanto a necesidades de su hijo, para que mi madre despliegue todo su empeño en tal propósio. No obstante, también le dejó dicho a José Andres, alias Juan Pata, un vecino de esos que siempre están dispuestos a ayudarte, tanto, que incluso lo hacen cuando no es necesario.

 

No sé porqué extraña coincidencia (tampoco llegan a 15 las vacas parideras) no es la primera vez que me toca parturiar una vaca estando Berto fuera. Al menos ésta no es primeriza, pensé. Según los cálculos de Berto, la Rebeca salía de cuentas a finales de Febrero. ¡Claro, que la naturaleza mundo vaca también es caprichosa o el ojo de Berto no siempre certero!.

 

Berto se va y me pongo en situación. Lo primero localizar la vaca, “es la tercera de la fila de arriba empezando por la escalera que sube al pajar”. Un experto en estas lides (mi madre) o bien conoce la vaca o bien lo detecta echando un vistazo en la cuadra, no es mi caso que, aunque no es algo desconocido para mi, no paso de los “primeros auxilios” en lo referido a partos.

 

Al rato de cenar, mi madre se va a la cama, no antes de ir a ver la vaca y darme indicaciones para la vela “la vaca se ve que está de partu, pero tobía no parie, así que levántate a eso de media noche y allá a primera hora de la mañana, según veas”. Acuerdo con ella la primera vigilia a las 4.30 y en función de cómo esté volver a levantarme alrededor de las siete.

 

Me acuesto tarde, leo un rato y me cuesta coger el sueño. Tengo una pesadilla espantosa, me ataca un lobo y yo con mis propias manos le rompo las quijadas en cuatro trozos, se me quedan las manos negras e hinchadas, despierto sobresaltada y veo que todo se debe a por la noche vi The Walking Dead y me dio muy mal rollo, porque el bruto que dejaron encadenado, para escapar de los zombis se corta la mano...

 

El tema es que como no duermo bien me levanto a las cuatro. Menuda pereza quitarme el pijama calentito de franela para uniformarme con la ropa de cuadra que había dejado preparada en la habitación. Fuera hace un frío que pela, me asomo al cuarterón y ya veo que aparentemente todo está bien (al menos no hay ninguna criatura al lado de la vaca), entro, me acerco y noto que la vaca está inquieta, de pie (a diferencia del resto que están la mayoría acostadas) y sobretodo veo que caga mucho y ralo. Por otro lado, le observo las dichosas cuerdas y por más que las comparo con las de resto no noto nada. Al mismo tiempo le cuelga un hilillo de la nación pero ya se le veía por la tarde, vamos, que no hay cambios alarmantes, así que cojo el chujarru  y me limito a limpiarle las boñigas y mullirla con un poco de paja. Con las mismas me vuelvo a la cama. Subiendo las escaleras, mi madre que tiene el sueño de un colibrí me pide el parte, le explico y hago hincapié en lo de las boñigas ralas y confirma “ay, eso es que está de partu, hala acuéstate hija y tápate bien que hace muchu friu”

Me cambio de ropa y me vuelvo a la cama, el olor a caca de vaca es tal que parece, o que me he metido tal cual venía de la cuadra o que la cama está en medio de la cuadra. Es bastante desagradable pero al mismo tiempo debe tener un alto índice anestésico porque caigo redonda y hasta que no suena el despertador no vuelvo a despertar.

 

A las siete repito el ritual con el consiguiente informe a mi madre “hala hija, acuéstate y tápate bien que hasta la mañana ya no parie” y pienso yo “está de partu, está de partu pero si hasta la mañana no pare, que hago toda la noche de zambembe. Y añade “no tengas prisa que ya me levanto yo pa las nueve”.

 

Me despierto a las diez menos cuarto y oigo ruidos por la cuadra. Me visto otra vez de faena porque acordé con Berto que les echaría de almorzar a las vacas y le barría la cuadra. Voy a la cuadra y veo a mi madre de 81 años enfundada en un batón azul cual gendarme de las SS, parece que le han quitado 20 años de encima y es que se encuentra en su salsa y sabedora de que tiene un cometido importante por delante. Está con ella Tasio, el padre de Jose Andrés, otro ochentero, que a falta de su hijo y de Berto, cree imprescindible la figura de un semejante. Entre los dos ya han barrido las boñigas y las han amontonado en la cuadra para que yo las eche después con el carretillu. A esto no se han atrevido porque hay que subirlas por una rampa (más propia de funámbulos) a una especie de aboneru móvil que Alberto ingenió el año pasado. 

 

A estas alturas ¿vosotros ya tenéis claro que la Rebeca está de parto verdad?. Pues ahora es cuando empiezo a creérmelo de veras porque ya le asoma la vejiga el agua y entre contracciones se vislumbran las patas delanteras. Tasio y mi madre están tranquilos porque “el jatu viene bien”, (vamos, que no viene de culo) y al mismo tiempo están nerviosos por el alumbramiento y el nivel de responsabilidad de ambos. Se diría que en su fuero interno se disputan el protagonismo: uno por hombre y la otra por dueña de la casa. Y en medio estoy yo recibiendo instrucciones como una niña pequeña o como si fuera tonta (para ellos y en este tema, obviamente lo soy): “Tina, suelta la Cachorra pa que la Rebeca tenga más sitiu”, Me cuesta un triunfo soltar la vaca, porque aparte de ser un poco fina y no parar quieta, tiene un collar muy ajustado y a prueba de forzudos. “Ahora échala al corral y cierra la portilla pa que no se escape”, “ten cuidado que no se te escape”.

 

No se ponen de acuerdo si es mejor que las eche ahora de almorzar porque según Tasio si la vaca se pone a comer como que se olvida que tiene que parir, pero si le echo a las otras y a la Rebeca no, esta se va a poner nerviosa de ver a la otras… finalmente decidimos que suba a echarlas de almorzar y entre tanto Tasio se va a terminar de atender las de él (porque su hijo aún no está). Por supuesto, queda en volver en breve.

 

Mientras estoy en el pajar y para no dejarnos desasistidas, viene Lorenza, la mujer de Tasio, y es que prefiere estar allí viendo que pasa que en su casa que no tiene nada que hacer. Mi madre se va con ella a desayunar a la cocina y yo hago lo propio en La Posada. No tardo ni 10 minutos y cuando vuelvo ya veo a entrar a Tasio a la cuadra y cuando llego ¡habemus jatina!. ¡Acaba de parir en ese instante, ella sola, sin ayuda y sin ninguna complicación!. Le ponemos un collar de madera a la jatina (porque ya la he mirado y tiene tetinas o no tiene huevines...) para poder moverla mejor. Con ayuda de Tasio se la acerco a la vaca para que la zape (es fundamental que la vaca la limpie con la lengua) y le echo sal encima a la jata (a las vacas les chifla la sal) para que la zape con más dedicación porque la vaca está un poco traspuesta y no  le presta la debida atención.

 

El siguiente paso es atar a la jata por el collar al pesebre de la vaca que solté para que esté cerca de su madre y no se deslice hacia atrás, se manche de boñigas y la puedan pisar otras vacas. A continuación Tasio me dice que lo mejor es llevarla a un cortiju para que ella sola se vaya levantando y desenvolviendo (un ternero recién nacido tarde solo dos o  tres horas en ponerse de pie) pero mi madre da una contraorden y dice que la dejemos allí hasta que mame. Como hay que darle tiempo, Tasio se tiene que volver a ir pero, por supuesto, vuelve a la hora para ayudarme a echar de mamar a la jata. Como aún es pronto la jata aún no se tiene de pie, así que hacemos un equipo: Tasio la ayuda por la parte de adelante a enganchar las tetas y yo la sostengo de las piernas de atrás casi en volandas durante casi 15 minutos, hasta que Tasio decide que es suficiente.  No podéis imaginar el aspecto que tengo, la cara y las gafas sucias de los rabazos que me ha dado la vaca, los pantalones calados de una mezcla de baba de vaca, humedad de la jatina y las boñigas del ambiente… ¿Habréis pensado que hubiera sido interesante acompañar el texto con documentos gráficos verdad? Si creéis que voy a tirar por los suelos el poco glamour que me queda, lo lleváis claro.

 

Fin de la operación Rebeca: La jata mama y la vaca se limpia. Llevamos la jata al cortiju y la dejamos sola, mullidita entre paja hasta la noche que venga Berto y la vuelva a echar de mamar.

 

Epílogo: Cuando llama Berto a media mañana le digo toda entusiasmada “habemus jatina” a lo que responde, ¡que puta, así que ya parió eh¡ ¡fíjate que me lo suponía!.

 

GLOSARIO

 Cuerdas bajas: La parte trasera y alta de las patas, justo a los lados del nacimiento del rabo, cuando van a parir, se les baja, supongo que es una especie de acoplamiento de los huesos de la pelvis para el parto.

 Ropa de cuadra: chaquetas viejas militares, chaquetas o buzos de fábrica usados, ropa vieja, botas de goma, albarcas y zapatillas, guantes, etc.

 Barrer la cuadra: limpiar todas las boñigas de por la noche

 Nación: Vagina de la vaca

 Chujarru: Especie rastrillo para limpiar la cuadra.

 Zambembe: Ir y venir continuo

 Carretillu: Carretilla para llevar las boñigas

 Aboneru: Estercolero

 Vejiga el agua: La bolsa de agua

 Vaca fina: vaca con mal carácter (iba a poner mala leche pero igual no quedaba bien explicado)

 Jatina: Ternera recién nacida, jata cuando ya es más grande pero no llega a vaca.

 Collar: Presilla de madera o hierro con la que se prenden (atan) las vacas al pesebre.

 Zapar: Lamer

 Cortijo: Espacio pequeño y cerrado dentro de la cuadra donde se meten los terneros sueltos en las primeras semanas de vida.

 Rabazos: movimientos bruscos con el rabo

 Limpiarse: echar la placenta

 

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Friday, 27 December 2013 21:22

PEDRO VUELVE A CASA (no sólo para Navidad)

  

Hoy queremos felicitar a Pedro, amigo y vecino de Cucayo, porque después de unos años fuera, vuelve oficialmente al pueblo (es de los que nunca se ha ido del todo) para hacer lo que ya hizo de más joven,  dedicarse a la ganadería, que además es lo que le gusta. 

 

Es una apuesta arriesgada y valiente. “Volver al pueblo” no es fácil, aunque es una opción muy digna y válida. En un mercado laboral inmovilista y frágil, del que Pedro (como tantos otros) también se ha visto afectado, éste ha optado por mover ficha y tirar para adelante. Emprender tampoco es tarea fácil, porque en lugar de recibir facilidades, la administración de turno solo le ha puesto trabas y más trabas. 

 

En las fotos podéis apreciar como se han volcado todos los vecinos ayudándole a meter las vacas en su nueva cuadra, y es que, qué alguien vuelva, es un motivo de reunión y fiesta, cuando el sentimiento imperante de los lugareños es que el sitio donde están sus raíces, más pronto que tarde, va a desaparecer.

 

Necesitamos ganaderos como Pedro, porque el ganado es uno de los motores de la vida rural, sin ganado no habría veredas, sin ganado no habría tierras de cultivo, sin ganado no habría pastores y todo un engranaje necesario para su conservación, y sin ganado, no habría turismo rural. Al menos, como nosotros lo entendemos, turismo rural auténtico. 

Durante los años del éxodo rural y hasta hace bien poco, ser de pueblo era un estigma. Hoy, afortunadamente, es algo superado hasta el punto de que ser de pueblo, tener un pueblo, es un privilegio. Desde luego, esto no se ha conseguido con la ayuda de los poderes públicos para los que, a pesar de llenársele la boca cuando hablan de “desarrollo rural”, a la hora de legislar seguimos siendo núcleos sin masa crítica y en muchos aspectos ninguneados.

 

Este país saldrá adelante con personas como Pedro; con iniciativa, ilusión y ganas de trabajar. No podemos esperar a que nuestros gobernantes (unos y otros) lo hagan por nosotros.

 

No solemos pronunciarnos políticamente en esta página, pero no vivimos ajenos a una realidad que nos afecta. Estamos hartos de soportar tanta carga (obligaciones e impuestos), trabajando honradamente y con mucho esfuerzo, mientras los corruptos (que ya son muchos) se van de rositas. Aquí nadie devuelve la pasta.

 

Pedro es un buen ejemplo a seguir. Tiene todo nuestro apoyo. ¡Enhorabuena y suerte!

 

 

 

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Monday, 18 November 2013 17:13

LAS LABORES DE OTOÑO EN CUCAYO

Recogida de patatas

 

Otoño es una estación en la que hay que realizar muchas labores. Se junta el final del verano -época de relativa actividad- con la preparación del invierno. No hay que olvidar que Cucayo (Dobres) está a casi 1.000 de altitud y el periodo invernal es largo.

Muchas de la tareas están relacionadas con la recolección. A mediados de septiembre, los huertos dejan de tener  pleno rendimiento, las hortalizas, en su mayoría ya han sido recogidas, solo queda sacar las patatas, recoger las cebollas, fréjoles, puerros y plantar los nabos (el único fruto que resiste al invierno). Al mismo tiempo se van deshojando las berzas (no se arrancan enteras ya que se mantienen hasta finales de año), que sirven de alimento a los chones (cerdos), en proceso de engorde hasta Navidad.

También se recogen las manzanas, peras y frutos secos (nueces, castañas, avellanas, etc.). En octubre se cogen andrinos para hacer hacer pacharán, además de moras, arándanos y otros frutos del bosque para hacer mermeladas. Dependiendo si son meses lluviosos, hacemos incursiones por el bosque en busca de setas.

 

Hay que dedicar unos días a hacer acopio de leña. Ir a cortarlo al monte (normalmente arboles viejos o caídos). Además de troncos de más envergadura, otros más menudos y también escobas (arbustos con ramas muy finas), que son fundamentales para atizar la lumbre. Una vez traído a casa hay que organizarlo en el leñero.

Bajando leña

A lo largo de noviembre es habitual matar ovejas para hacer cecina (de 1 a 4 dependiendo de cada casa). Se pone la carne a salar, después se seca y una vez curada se guarda en el arcón y se va utilizando para los cocidos de todo el año. También se hace morcilla y boronos.

 

El desván y la despensa ya están a rebosar, pero no hay que olvidarse de las necesidades de los animales de la granja. El pajar está lleno de hierba (se recoge en verano), pero todo ayuda y algunos vecinos también hacen hoja (cortan ramas de los fresnos principalmente) y se hacen coloños (fardos) para en invierno pelar la hoja y dárselo a las vacas. Los palos, como se aprovecha todo, sirven para la lumbre.

 

Es el momento de abonar los prados con el estiércol de vaca acumulado del invierno anterior en los aboneros. El ganado ya ha bajado de las cumbres, está en prados cerca de casa, aguantando hasta que caigan las primeras nevadas y se invernen en la cuadra.

 

Otra tarea propia de estas fechas, y antes de que se acerque el mal tiempo, es hacer reparaciones y mantenimiento de las propiedades e inmuebles. También guardar en el interior todas las plantas decorativas (geranios en su mayoría) que no aguantan las heladas.

  

Vacas bebiendo en el río

 

Muchas de estas actividades se hacen desde tiempos inmemoriales, si bien, para algunas se utilizan herramientas y técnicas más modernas, la mayoría, en su esencia, no han variado a lo largo de los años. Otras actividades, por el contrario, ya están en desuso o han dejado de hacerse (coger bellotas para los chones, hoja seca para mullir la cuadra, hoja de acebo y tejo para engordar el toro, ir a moler el grano, hacer escarpines y albarcas para el invierno, criar ovejas, cabras, cerdos, etc.). 

 

Boletus edulis

Hay que tener en cuenta que los días ya son muy cortos y al oscurecer (sobre las 6 de la tarde), uno se recoge en casa y deja de hacer cualquier actividad fuera. 

 

Y aunque esto no es una actividad, a lo largo del otoño la mitad de las casas del pueblo se cierran. Muchas personas que viven solas o que pasan la primavera y el verano en el pueblo, se van con sus familiares a la ciudad (como Heidi) para volver pasado el invierno. Conclusión: en el invierno aquí solo quedamos los valientes (o los cobardes, según se mire, jeje).

 

Como podéis ver, no hay tiempo para el aburrimiento. 

 

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