HISTORIA DE UNA FOTO

Porque a veces, es mejor lo que se cuenta, que lo que se muestra.

Hoy volvía a comer un cocido lebaniego Miguel Angel Revilla con toda su comitiva. Estábamos avisadas del número y hora aproximada (a las 2 pm). Lo habitual es que sean más y también que se retrasen. Efectivamente eran más (sin problema porque estaba contemplado) peeeeeero llegaron antes de tiempo!!! (no contemplado), ¡Horror!.

Por la mañana Ana se había centrado en preparar el cocido y yo en limpiar zonas comunes, porche, preparar comedor, reponer floreros (por supuesto), etc…, e incluso me dio tiempo a plantar unas berzas. ¡Vamos lo normal de un día entre semana!.

Lo fuimos haciendo tranquilas, no tanto porque estemos acostumbradas a atender personalidades con frecuencia, si no por los años que da el oficio. A la 1.45 le digo a Ana que se suba al bar a seguir atendiendo a los del pueblo que están tomando el blanco, mientras yo bajo a poner la mesa (solo me quedaba eso y arreglarme un poco).

Nada más empiezo a poner la mesa baja Ana corriendo a decirme que ya están y que tiene el cocido sin «separar». Le digo que los entretenga que voy a cambiarme. Me pongo otra camisa y otros zapatos a toda pastilla pero no me da tiempo a más porque les oigo bajar por la escalera. Les recibo y les invito a sentarse. De seguido me voy corriendo a poner las lentillas. Cojo un delantal mientras mi madre me arregla el cuello de la camisa y me tira del delantal diciéndome que ponga el de rayas que es más guapu.

Salgo al comedor, converso un poco con Revilla agradeciéndole sus varias menciones al pueblo y también con los demás presentes, Trato de ganar un poco de tiempo para que Ana tenga lista la sopa. Les sirvo la bebida y el primer plato y vuelvo corriendo a darme un poco de colorete y pintarme la raya del ojo. Vuelvo sonriente pensando que ya solo me queda pintarme los labios. Eso lo puedo dejar para el postre y la foto. Además tanto cambio entre plato y plato va a dar el cante y tampoco se trata de eso.

Mientras en la cocina, Ana va atacada con las cacerolas como si fuera el batería de Maná, pero todo va fluyendo bien y están encantados con el cocido, que es lo importante.

Así que mi contento en esta foto, cuando Revilla decide desprenderse de su pulsera del #AñoJubilar2017 y ponerla en mi muñeca (cual pedrusco dirigido al dedo de una prometida) es porque estoy pensando para mis adentros «y yo con los labios sin pintar».

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